Alejemos las abejas, mordiéndonos la lengua


Baco Club

Hace algún tiempo ya, algún viernes o sábado en los que mataba el tiempo con mi amigo F. Caminando y caminando y buscando qué hacer en esta ciudad que a veces se torna tan aburrida, él me llevó hasta ese lugar de putas. Y, como no tenía yo, nada mejor que hacer, pues entré con él.

            Lo que sigue a continuación fue todo lo que mis ojos, que a veces tratan de tirárselos de fotográficos vieron. Estamos entrando al edificio chato donde se encuentra este lugar:

            La puerta tiene a los lados dos columnas dóricas y en toda la fachada hay un gran mural, éste es un paisaje mediterráneo con ese mar azul oscuro y ese cielo azul celeste, puro y limpio con ese sol brillante casi tropical pero que realmente no calienta del todo. Entramos y el ambiente es oscuro, el mesonero que viene hacia nosotros, es enano con su corbata negra a lazos, el cuello de la camisa que le aprieta y esa cabeza pelada. Dice que no pidamos en la barra, que para eso hay mesoneros, que por eso no deja entrar a las parejas, parece molesto.

            Por todo el local hay muebles, butacas de gamuza roja, butacas para observar el espectáculo. Observo el suelo y pienso que tuvo que haber sido rojo en algún momento pero por el pisoteo de tantos clientes queriendo putas y de mesoneros con cabezas peladas, está desgastado. El mozo nos sienta en primera fila, justo frente a unas pequeñas columnas que imitan el período helénico, son columnas-mesas, las paredes son grises y tienen cuadros demarcados con marcador rojo desgastado como si alguien hubiese querido reflejar azulejos. Frente a nosotros está el escenario, hay un batitubo de un costado„ en el fondo hay una ducha y un espejo y, en frente, una puerta de vidrio, es un pasillo- tina.

            Frente al escenario, hay una pareja bailando, un cliente y una puta. Bailan vallenato, es un baile lento, pienso: que qué tiene de sensual este baile si no se rozan los genitales, creo que es mejor la lambada porque es más divertida.

            La puta se llama Lisette, pero eso lo supe después, cuando se lo pregunté. Ella lleva un hilo plateado y una faldita que le cubre las nalgas a medias, puesto también tiene un brasier blanco y en el brazo izquierdo una malla blanca a cuatro centímetros después de su hombro hasta el codo, sus tacones son blancos también y es rubia, pero no natural, parece que hace un par de años se hizo la permanente, pero le hace falta mantenimiento. Ella mastica chicle y su cara no tiene ningún gesto, sólo el movimiento de su mandíbula y sus ojos de vaca perdidos.

            El ambiente es tranquilo, estamos en un bar, sí, pero siento que estoy en una película venezolana ambientada en los ochenta, siento que estoy en alguna película de Roman Chalbaud.

            La pareja que bailaba esa fétida canción de vallenato, se sienta. Él le pide un trago, la copa es muy pequeña, el trago cuesta 50 Bolívares, y es gyn y sambuca. Desde hace rato, de nuestro lado, está sentado un viejo que observa y al parecer toma fotos con el celular  y bebe cerveza.

            El viejo que está al lado de nosotros, dice -  “la sambuca ya no se consigue en nuestro país, es un prestigio convidarle un trago a una puta. El secreto de ir a estos lugares es sentarse y observar, quieto, sin hacer que las putas piensen en que uno se las está babeando, es así como ellas se acercan y tú les brindas un trago y así comienza todo, pero no hay que buscarlas porque ellas vienen solitas”- F le busca conversación después de que el viejo ha dicho este comentario y es entonces cuando nos enteramos de que este viejo está casado y tiene una hija de 16 que está por graduarse. Nos está mostrando las fotos que tiene en su celular, también dice que viajó a Panamá hace poco, que Panamá es peor con las putas, que hay mucha bebedera de caña, que ha viajado a Trinidad, Curazao y Aruba.  Que en Panamá no se celebra ni Semana Santa ni Navidad, pero lo que sí se celebra es Carnavales y nombra los días que dura la festividad y lo escucho, pero me doy cuenta que se está comiendo los días, porque luego de viernes viene sábado no domingo y así. Creo que está con esa felicidad y ese brillo que te da la cerveza antes de estar completamente borracho. Ha preguntado que de dónde soy, que por qué no bailo. F le ha dicho que soy de Mérida, también le dice que soy tímida, ellos siguen hablando, y ya no los escucho porque estoy perdida mirando cada detalle del lugar; miro la barra que está detrás de nosotros, y hay tres putas sentadas, conversando. Una de ellas tiene puesto un traje, muy a lo objetos-kama-sutríacos, tiene tela sólo en los pezones, lo demás son hilos, hilo en forma de sostén, hilo en forma de pantaleta, todas las putas tienen esa mini- copa brindada por sus clientes, hay una tipa, con trenzas postizas que le llegan hasta la parte baja de la espalda, ha entrado y salido varias veces del camerino, es muy delgada, no como Lisette que tiene una panza de cervecera, ésta, como decía es delgada y tampoco muestra gesto alguno en la cara, creo que de eso se trata.

            Del otro lado del escenario, hay un privé para los espectadores, me doy cuenta porque el piso no es cemento, sino gamuza roja, terciopelo, no sé. El local está viejo, me pregunto cómo habrá sido años atrás, cuántas cosas deben haber ocurrido… hasta que el viejo de al lado se exalta y lo escucho gritar, dice que las putas están a la defensiva siempre, y que a penas un borracho se mete con alguna, comienza la pelea. A pesar de esta conversación, todos escuchamos lo que comenta al micrófono el mesonero calvo, anunciando que en breve será el segundo show de la noche, dice que habrá  un “show lesbi y sexo en vivo”.

            Esperamos un rato, mientras Lisette, la puta, de besaba con su cliente. Suena Roxette a todo volumen y ella, Lisette,  se monta en el escenario, baila en el tubo y se menea, se mueve lentamente y mira hacia el fondo con sus ojos de vaca, entra a la ducha- pasillo y se quita el brasier blanco luego sigue moviéndose lentamente y termina por quitarse el hilo, sólo los tacones y su cuerpo desnudo y su culo gigante meneándose, el viejo de al lado saca su celular y comienza a grabar, se acerca a nosotros y le menea el culo en la cara; es gigante su culo, el de Lisette. Termina de sonar Roxette y Lisette recoge su hilo y sostén y se retira a su camerino.

            El viejo éste, está excitado y borracho, lo sé. Se fue a la barra y le dijo a alguna puta que estábamos haciendo una tesis y que necesitábamos hacerle unas preguntas. Rato después, se acercó la puta y se sentó a nuestro lado, tenía botas marrones y el cabello liso y rojizo, era gorda pero al contrario de las otras, ella se veía dulce, no contenta, pero si más ligera. F le preguntó un par de cosas, pero yo no alcancé a descifrar de qué hablaban, el viejo que viajó a Panamá, no recuerdo su nombre comenzaba por R, Reiner creo, escuchaba y estaba bailando música moderna, lo observo que quiere echarle cerveza al trago de la tipa, y es cuando la tipa le dice que no, el viejo R, dice que él sabía que sólo quería hacernos ver a nosotros, los tesistas, que esas cosas no se hacen, que hay que ser precavido con las putas. F, está conversando con la puta pero sé que está haciendo tiempo porque quiere ver el show de sexo en vivo, yo me quiero ir, si yo tuviera que hacerle preguntas a la puta no le preguntaría sobre su trabajo, le haría preguntas triviales, no sé, -¿dónde compraste esas botas marrones?- o si le gustaría un consolador con forma de delfín o si siempre finge orgasmos, o si le gusta el cine, qué sé yo.

            Al final, no vimos el segundo acto de sexo en vivo ni show lésbico, ni pude fotografiar el lugar, ni grabar la conversación entre F y la puta. Lo cierto es que esta noche de putas, la anexaré a mi  rompecabezas de mi ciudad natal.-

— 2 years ago