Alejemos las abejas, mordiéndonos la lengua


Vino a la cabeza

Sábado en la noche. Suena quítate tú pa’ ponerme yo en vivo. La canción es de la Fania All-Star pero no son ellos quienes están tocando. Patio trasero, solar descapotado. Las luces son tenues porque son sólo velas. Vela en el piso, vela en el árbol, vela-rama, vela-antorcha. Paisaje místico. Estrellas visibles porque el cielo está despejado y despegado. Esto es un hángar y se está poblando pero no de avioncitos. Amigos selectos, queridos amigos, amigos del gremio, amigos de la novia, amigos del novio. Esto es la celebración de una boda. Una fiesta jipi.

            El padre del novio ha hecho música toda su vida. El padre parece Muddy Waters versión europea. El padre toca los timbales, el padre toca el teclado, el padre canta. Su voz ronca es picante a la garganta, spicy. Cantautor de los setenta. Cantautor viejo y canoso, barriga de barrica. Parece un alemán y esa Orchester haciendo deutsche musik. A su lado está un tipo que canta como John Mayer pero de físico se parece a Nick Drake. Woodstock para la boda de los novios.

            Yo llegué aquí por un amigo del novio. Me trajo porque me dijo que era una boda de jipis. Cero vestimentas formales. Música en vivo. Ya ves, tremenda orquesta casera. En la tarde cuando me llamó me dijo que los novios se casaban porque el novio había metido gol. Tremendo partido, le dije. Aquí estoy, con mi botella de tinto Santa Carolina Coupage que compré hace unas horas en el supermercado. Es que estas bodas de ahora, cada quien trae su vicio, su alcohol. Yo nunca había ido a una boda, esta es la primera vez, lo juro. El novio es pequeño, de baja estatura, me refiero. Tiene lentes y su cara se parece a la de Valentín, el de la película argentina, ¿viste? La novia no sé quién es. Le pregunté a mi amigo y me dice que es la que anda con un gatito en los brazos. No aparece. Mientras, se escucha el soundtrack del papa del novio. Estoy sola. Mi botella y yo. Mi vino que vino conmigo. A los minutos aparece un tipo con un sombrero de vaquero y mi amigo, que es amigo del novio, y una chica que se llama Juliette. Los escucho hablar y mencionar seguidamente la palabra “ecléctico”. Me parece que el vaquero no sabe bien qué significa. Yo soy ecléctico, tú eres ecléctica, todos somos eclécticos, dice. Del griego eklegein, «escoger». Es un todo orgánico, una mescolanza de gusto y puntos de vista. En fin, aclarado el concepto, la pareja se retira, se retira el vaquero que hace rato dijo que tenía las vacas en la casa. Sigo observando minuciosamente el lugar, el hangar, el espacio-woodstock de esta boda que es de una pareja jipi. Mi amigo habla pistoladas. Sigue hablando y hablando. Yo estoy empezando a sentirme de ánimo alegre, estoy ligeramente ebria. No lo escucho, no sé de qué habla, puras pendejadas, pendejadas puras. Sobre su cabeza puedo divisar una vela-rama. La vela que se está acabando. Los frutos del árbol que están siendo consumidos por el mismo. Frutos no renovables hechos cera. ¿De qué están hechas las velas? Velas de grasa. Velas de sebo hechas de grasa animal, esa grasa dura y sólida para hacer jabones y velas. De repente, me doy cuenta que mi amigo no está articulando palabra, que no escucho zumbidos, que no mueve los labios y pienso si se ha percatado que me importa más el origen de las velas que su retahíla de quién sabe qué. Me veo comprometida a romper este grato silencio y le digo que mi vino se está acabando y tengo hambre. Abandonamos las velas y entramos al solar techado, donde está tocando la banda. Sí, las velas están afuera, con los árboles y esa gente. Al fondo, hay una larga mesa. Una mesa como la de La última cena de Leonardo da Vinci, como una extraña coincidencia, hay pan y vino pero los apóstoles están en el solar descapotado. Las mesas buffet de bodas generalmente están repletas de comida, de cibo. Yo no sé de bodas, repito, pero debería ser así. Aquí no hay nada. Aquí hay un par de cestas con pan, de esas que se compran en panaderías con el envoltorio de papel celofán transparente que los cubre dando esa sensación a la vista de pasapalos para festejos. Esta mesa quedó pendeja ante festejos a lo Louis XIV, ¡Que llamen a Vatel!, pienso. Aquí hay pan, pan solo, rebanadas de pan. Pero óyeme que no solo de pan vive el hombre, chiiico. No hay más nada en la mesa. Pues entonces, yo estoy comulgando. ¡Ostia!. Pan y vino. Puro pan, pan puro porque ya no tengo vino. Y ahí voy yo de nuevo, no sé qué se hizo mi amigo, ya no estoy escuchando a Muddy Waters o al padre del novio con su deusche musik, yo estoy pintada en la pared sobre la cual se llevó a cabo el cuadro de da Vinci, yo estoy en el convento dominico de Santa María de las Gracias en Milán. Yo soy la tipa que está pintada al lado de Cristo, y digo: Ragazzi, questa é l’ultima cena. Mangiate… Porca miseria! Debieron colocar más pan en la mesa…

            Y ahí está, él que viene de nuevo y que me empieza a preguntar que qué música me gusta y comienza hablar sobre pendejadas. Yo sigo en mi comunión y él sigue con su monólogo cuando se acerca una peregrina que vino a comer pan y opina lo mismo que yo en cuanto al banquete. Ella canta, parece la voz de Natalia Lafourcade. No se baña pero le gusta el jabón eléctrico. Me aburro de esto, de las pistoladas de mi amigo, de la ostia, del vino que ya no tengo y acudo a mi ángel guardián moderno, el celular.

            Cambio de escenario. Salgo del hangar, del woodstock, abandono los apostoles, el pan, La Última Cena, no más coupages, no me aguanto a este tipo que habla pistoladas, abandono a la N, las velas-ramas, el papá barriga-barrica, el patio trasero. Afuera, una carroza no encantada, un hado madrino que me rescata. Suena Ramstein en el reproductor para automóvil.

            Escena siguiente, en casa del hado. Cervezas con sabor a cebada, cerveza-malta, cervezas viejas que parecen vencidas ya. Acto seguido, Cocuy: licor de herencia indígena, patrimonio cultural del Estado Lara, licor que debe ser amenizado mezclándolo con frutas naturales. En este caso, Cocuy-limón. Comedor del hado madrino. Conversaciones sobre viajes, algunas palabras sobre política, irse del país, que bajarán el cupo de Cadivi, que la enmienda, que el gato que está bajo la mesa, se llama Caraota. Black cat, gato negro. Seguir bebiendo, fumar en la cochera, no fumar dentro de la casa. El hado madrino es el mejor amigo de un tipo con quién yo salía hace millones de años. Habitación del hado. Hado que la conciencia le muerde remordimiento. Que tú, que mi mejor amigo me dice. Panty Medias afuera. Él que no y no, porque su mejor amigo… Penetrar y plás nada. No se puede, no está duro. Yo hice mis intentos y nada. Esta es una versión moderna de la Cenicienta. Yo me quedo con el hado, el hado que huele divino y que le he preguntado varias veces qué perfume usa. Me ha dicho un nombre chino, el perfume huele divino. El chino no es cochino porque huele divino. Hado + remordimiento de conciencia. Hado que me rescata del woodstock. Hado que se desespera porque está amaneciendo. Hado que me trae a casa porque no soporta el ruido que hacen los pajarracos cuando salen los rayos del sol. Los Woodstock son de día y de noche, los cuentos de hados son para dormir solamente.

— 2 years ago